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Los apodos de estadios más curiosos de América Latina

En América Latina casi nadie llama a un estadio por su nombre oficial, y muchas veces el apodo esconde una historia mejor que la del nombre. Lo de La Bombonera y su caja de bombones ya lo contamos en nuestro recorrido por Buenos Aires. Acá van otros, de siete países distintos.
El Gigante y el Coloso (Rosario, Argentina)

Rosario tiene dos estadios grandes y los dos se pusieron apodos de tamaño XL. El de Rosario Central, inaugurado en 1926, es el Gigante de Arroyito, por la zona de la ciudad donde está. El de Newell's, abierto en 1911, es el Coloso del Parque, porque está dentro del Parque de la Independencia. Desde 2009 lleva el nombre de Marcelo Bielsa. En Rosario, nadie quiere tener el estadio chico.
Maracanã (Río de Janeiro, Brasil)

Su nombre oficial homenajea a un periodista deportivo, Mário Filho, pero todo el mundo lo llama Maracanã por el río que pasa al lado. Y el río, según la explicación más difundida, debe su nombre a una palabra tupí que designa a un tipo de loro que vivía en la zona. O sea: el estadio más famoso de Brasil se llama como un pájaro. Se inauguró en 1950 para el Mundial.
Mineirão (Belo Horizonte, Brasil)

En Brasil, un estadio grande pide un aumentativo. El Estadio Governador Magalhães Pinto, inaugurado en 1965 en la Pampulha, es el Mineirão: el gran mineiro. En Río, el estadio de Botafogo, abierto en 2007 en el barrio de Engenho de Dentro, es el Engenhão. En Salvador, el Vitória juega desde 1986 en el estadio Manoel Barradas, que lleva el nombre de un dirigente del club y que, claro, todos llaman Barradão.
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El Coloso de Santa Úrsula (Ciudad de México, México)

El Estadio Azteca se inauguró en 1966 en terrenos del antiguo ejido de Santa Úrsula, en Coyoacán. De ahí el apodo, sumado a su tamaño. Para construirlo hubo que dinamitar roca volcánica que había dejado el volcán Xitle. Allí se jugaron las finales de los Mundiales de 1970 y 1986.
El Campín (Bogotá, Colombia)

El estadio Nemesio Camacho, inaugurado en 1938, es para todos El Campín. El nombre viene del inglés "camping": antes de la obra, esa zona verde era un lugar donde la gente iba a acampar. Hoy juegan allí Millonarios y Santa Fe, sin carpas.
Sausalito (Viña del Mar, Chile)

El estadio de Everton se inauguró en 1929 y durante años se llamó El Tranque. En 1960, Viña del Mar se hermanó con Sausalito, un pueblo de California. Sausalito bautizó una plaza con el nombre de Viña del Mar y Viña, en respuesta, le puso Sausalito a su estadio. Un intercambio de regalos muy diplomático.
La Olla (Asunción, Paraguay)

El estadio de Cerro Porteño, en Barrio Obrero, abrió en 1970 y reabrió totalmente renovado en 2017, ya como La Nueva Olla. El apodo se lo habría puesto el propio general Pablo Rojas, presidente del club, cuyo nombre hoy lleva el estadio. Por qué "olla" se cuenta de más de una manera.
Campeón del Siglo (Montevideo, Uruguay)

Peñarol estrenó su estadio en 2016, en Bañados de Carrasco, y no se anduvo con modestias: le puso Campeón del Siglo, por haber sido elegido mejor club sudamericano del siglo XX. El primer gol lo hizo Diego Forlán y en la entrada hay una locomotora antigua que recuerda el origen ferroviario del club.
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